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lunes, 2 de enero de 2023

Comentario críticio de "El cazador del arco iris" en Hoja del lunes, com

 

El cazador del arco iris

Reseña al libro de Ramón Palmeral.

Arco iris, camino mágico, camino de dioses (*). Itinerario sagrado por el que desciende Iris, la mensajera de Hera, diosa del cielo y mujer de Zeus, para hacer llegar a los hombres los mensajes de los dioses.

Al igual que Iris y utilizando su arco, sendero por el que descendía la hermosa y joven virgen, con alas doradas y vestida con su refulgente túnica multicolor, para desplazarse desde la morada de las divinidades y del más allá, y atravesando de uno a otro lugar los confines del mundo a la velocidad del viento, con la sutileza de una diosa. Así es como un vecino de Acebumeya (Málaga) despierta de la muerte y recuerda, a través de varios narradores, el tiempo en que sus antepasados habitaron en ese mágico lugar con la intención de que vuelva a ser recordado y no caiga en el olvido...

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Diponible en Amazon

sábado, 26 de marzo de 2016

Arrieros por la Ruta de la Miel, años 30. Sierra del Amijara. "El cazador del arco iris". Novela de Ramón Fernández Palmeral. De venta en AMAZON




28/ Justino Orgaz, único hijo varón del difunto Adriano Orgaz y de Chacha Lola, juró sobre el cuerpo presente de su padre que algún día le vengaría con sangre de los Gabinos, pero no pudo cumplir su venganza porque de joven se murió de una pulmonía, tan sólo podía cumplirse la obligación de la venganza en un varón de sangre materna, en este caso se pasó al hijo ilegítimo de Plácida Orgaz y de Antonio Simón, llamado en realidad Atilano pero de sobrenombre Judas, y así es como se quedó con el horrible apodo. La pulmonía que mató a Justino Orgaz fue, según cuentan, causada por su afición a las apuestas de carreras de mulos por la Ruta de la Miel en la Sierra de Almijara, antiguo camino Real de Granada.
Por ello, conocedor de sus cualidades en el arte de amaestrar mulos de carreras, no dejaba de desafiar apuestas a los arrieros que se encontraba en el camino de Granada. También era aficionado a las apuestas de gallos de pelea. Y su fama, de mejor corredor y, porque no decirlo, reventador de mulos en la Ruta de la Miel sólo era comparable a la de mi primo José Antonio Lara, el Corsario. La verdad es que Justino Orgaz era uno de los jóvenes arrieros de los que poco se podía aprender, era gente bebedora, jugadora, atrevido y sin muchos conocimientos, que siempre hacía lo primero que se le venía a la cabeza. Del reto a una apuesta, nadie se podía sustraer, pues se consideraba una cobardía el rehusarla, el retado tenía obligación de enfrentarse, salvo su descrédito de “hombre que se vestía por los pies”. Un día retó nada más y nada menos que, a mi primo el Corsario, otro babieca como Justino. En las playas de Torrox cogieron una carga de pulpos, robalos (lubinas) y almejas, salieron de madrugaba a las cuatro de la mañana y, empezó a llover, la porfía consistía en que quien llegara antes a los altos del puerto de Las Angustias (1600 metros de altitud) le daba al otro su carga de pulpos y almejas. Tampoco era para tanto. Cuando pasaron por el Molino de Blas el barranco sonaba a aguas nuevas y bravas, por la Acebumeya iban agotadas las mulas, por las cuestas de Piedras Lisas, cerca de Calixto, parecía que Justino adelantaba a el Corsario, pero éste le tiró a las espaldas el cabestro de la mula y le enganchó por el cuello, sin querer, como siempre, una broma mal dada y cayó rodando hasta una poza de agua. Detrás de él le cayó encima el mulo cargada por el barranco. Los dos cayeron al agua, y el mulo prácticamente encima. Empapado de agua y con unas costillas rotas se fue a su casa, se acostó y no se recuperó jamás del enfriamiento, pues le entró una pulmonía.
 El aguardiente se encargó de calentarle y aliviarle los dolores hasta que se murió tosiendo y con la botella en la mano de un coma etílico. Pero Pedro Llana, hijo de Evaristo el Feo, que pasaba por allí lo vio todo, y vio que fue una carrera sucia como todas, y se supo que la caída de Justino se debió a la mala y sucia acción del Corsario, que acabó en la cárcel. Cuando terminamos de contar las hazañas de Justino Orgaz, llegó la hora del reblandeciendo del catre, más bien que cama, para acostarme y poner los ojos en el techo una noche más sobre las redondas vigas de pino atadas con sogas de esparto orientadas siempre de norte a sur; y sin embargo, mi Ramoberto insistía sobre la parte sucia de la vida humana y quería saber si en la Acebumeya hubo madres solteras, como una forma de enredar y buscar lo que en aquellos años no era frecuente...
 Mi mujer interrumpió y dijo que ya estaba bien de viejas historias de gente que no se podían defender, estaba cansada, le cambió el humor y aquí finalizó la actuación dramatizada de una lamentable verdad. Pero yo en la cama con mi insomnio caí en la cuenta de que hubo una madre soltera, sería buena para contársela a mi hijo para mañana por si alguna vez le publican algo de lo que escribe por un editor que confié en él. Aunque hacía tiempo me dijo que más que un editor lo que necesitaba era una agente literario (la mayoría son mujeres), que son quienes consiguen contratos y anticipos de la editoriales, porque éstos confían en ellas, más que en los autores desesperados por publicar a toda costa.

Ramón Fernández Palmeral
Autor de "El cazador del arco iris". venta en AMAZON. Ampliado y corregido.
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Comentario sobre "EL CAZADOR DEL ARCO IRIS" DE RAMÓN FERNÁNDEZ “PALMERAL” , Por Juan Antonio Urbano
     
 Arco Iris, camino mágico, camino de dioses. Itinerario sagrado por el que desciende Iris, la mensajera de Hera, diosa del cielo y mujer de Zeus para hacer llegar a los hombres los mensajes de los dioses.
Al igual que Iris, y utilizando su arco, sendero por el que descendía la hermosa y joven virgen con alas doradas y vestida con su refulgente túnica multicolor para desplazarse desde la morada de las divinidades y del más allá, y atravesando de uno a otro lugar los confines del mundo a la velocidad del viento, con la sutileza de una diosa, así es como un vecino de Acebumeya (Málaga) despierta de la muerte y recuerda a través de varios narradores el tiempo en que sus antepasados  habitaron en ese mágico lugar con la intención de que vuelva a ser recordado y no caiga en el olvido.
Este vecino, el guardia civil José Ramón Fernández, ha regresado y despertado del más allá para traer su propio mensaje y transmitirlo a su hijo Ramoberto, quien cuenta la  historia de ese lugar que el padre le hace traer al presente para que sea recordado.
Acebumeya, localidad transmutada en aldea de ficción por el autor para evitar implicar a los vecinos reales del lugar que realmente se describe y en el que se entra dentro de lo profundo de los seres humanos que allí habitaron de los cuales aún quedan descendientes o testigos de hechos o de familiares que vivieron en primera persona sucesos que aquí se narran.
Algunos momentos de esta obra se ven impregnados los textos de la sensibilidad poética que Palmeral, de su crisol de artista polifacético, extrae con la dignidad y sinceridad de autor con las que es conocido y reconocido por el mundo de artistas que lo rodean. Pues con esta misma sinceridad nos hace llegar en este libro las leyendas creadas, a caballo entre la realidad y la fantasía popular, por las gentes de aquellos tiempos, de aquel lugar…, las supersticiones, prisma ocular con el que se veían y se juzgaban antaño los hechos, y las historias que sucedían en una realidad espaciotemporal de otras épocas en las que habitaban espíritus que podían influir en la propia vida de los habitantes de la zona y que se iban transmitiendo de padres a hijos hasta crear su propio mundo fantástico-real en el que los habitantes creían como creían en su propia razón de la existencia.
Con el trasfondo de los miembros de la familia de los Simontes, se consigue una distraída saga en la que aparecen extraños personajes con anécdotas sorprendentes, propias de gentes ingenuas y, en cierto modo, ignorantes y donde se van introduciendo diferentes tiempos históricos en los que se hace referencia a distintos hechos acaecidos en el lugar o de repercusión en esta región en donde se ubica esta historia narrativa, como pueden ser, la batalla del Peñón de Frigiliana en 1569, la Guerra del Norte de África en la que aparece con nombre propio el héroe de Nador y su desaparición en 1923… la cotidianidad de los maquis y su influencia en los habitantes con los que éstos tenían contactos, así como otros acontecimientos históricos que han ido marcando el pulso de nuestra historia de la España reciente.
Es una obra entre la realidad y la ficción, en la que se crea un mundo que invita al lector a reconocer unos sucesos históricos que el mismo lector ha podido vivir o ha conocido por la experiencia de quienes se los han contado.
El final de este magnífico conglomerado de historias, que como red de afluentes alimenta al río principal de la narración, se cierra con una revelación sorprendente y con la marcha del espíritu del guardia civil que regresa otra vez al más allá, haciendo uso de las radiaciones multicolor que se generan en el arco iris por medio de la energía que proporcionaron los dioses para crear ese formidable nexo de unión entre el cielo y la tierra, eslabón entre su magia y la humanidad, entre la fantasía y el mundo real.
Ramón Fernández “Palmeral” ha sabido conjugar estos elementos para crear esta entrañable experiencia narrativa acercándonos a un mundo de valores como son el respeto y la obediencia a los mayores, la humildad, el temor de Dios y el amor a la Naturaleza, el valor de la palabra dada, etc., que impregnaban a los entrañables personajes que van apareciendo a lo largo de esta saga familiar. Unos valores que primaron en las conciencias, en las vidas, en las costumbres y usos de las gentes de una época que hace tiempo empezó a desaparecer tratando de arrastrar al olvido esos principios que regían la convivencia humana y que hoy en día se están echando en falta.  

                                                                                          Juan Antonio Urbano
                                                                                               Escritor y poeta

                                                                                      Alicante, 26 de marzo de 2016 


Camino de herradura, en la Sierra de Amijara. Ruta de la Miel.
Frigiliana. Torrox, Competa, Nerja, matar, Formes. Granada. Málaga.

jueves, 4 de febrero de 2016

El pago del rescate en el secuestro de Pepe Banderas, el Tozudo, a los maquis. Apartado 72 de "El cazador del arco iris".



72/ Uno de los hombres de la partida del Terrible, ensilló el caballo de Pepe Banderas, lo montaron encima y se lo llevaron a la sierra con las manos atadas a la silla con los ojos vendados. Se le vio perderse por el camino de los Peñoncillos de Melindres hacia la sierra confundidos con el abrazo de la madrugara sin luna, y entre la boscosa oscuridad  de los olivos y las últimas higueras, mientras su mujer y los niños se quedaron llorando desconsoladamente, pero ella conocida por los peones como al ama, que por cierto era prima lejana de mi padre, se hizo fuerte, desató a los peones, y les dio ánimos. Ahora tenía  que buscar los veinte mil duros, una gran cantidad de dinero, sabía que de lo contrario  mataban a su marido, ya había hecho con otros,  no iba a ser el primer secuestrado muerto ni el último. Y si quería verlo vivo tenía que espabilar y guardar secreto a la vez. ¿Pero dónde encontrar esa fortuna? ¿Quién la tenía?  Se fue a Málaga y buscó al abogado don Vicente Ramos, el que en tiempo de republicanos estuvo escondido en Acebumeya con su hija la maestra Dª Dolores. Había que pedir prestado a un Banco, eso sí, sin decirle nada a la Guardia Civil y para ello pidió silencio a los peones.  Porque  estaba segura de que si lo denunciaba ante los civiles, su marido se podía convertir en un muerto seguro.  Otros secuestrados se habían puesto, con la mejor intención, en manos de los civiles y no salieron bien parados. Aprovechando la incertidumbre y el miedo de los “aguanosos” sucedió que Rosendo de Frigiliana recibió carta anónima amenazándole de muerte si no estregaba un dinero, y se puso de acuerdo con los civiles de Frigiliana, que hicieron un apostadero en Cueva Oscura, cuando se acercó el correo con el dinero, le echaron el alto y era el Lázarino, un vecino de la Molineta, no bandolero, que aprovechando el clima de terror mandaba anónimos pidiendo dinero a ciertas personas con capital.

    Pasó los diez días y Lourdes Fernández que, tenía un par de ovarios donde lo tienen que tener las mujeres, ya tenía el dinero en billetes de quinientas  y cien pesetas, hipotecando la finca en un Banco de Málaga y vendiendo la casa de los Areyanes en Cómpeta.  La noche que el ama tenía todo listo para salir de madrugada hacia Piedra Escrita, lugar del cambio, se presentó de improviso la pareja de la Guardia Civil en el cortijo Cuartero. Se asustó mucho al verlos, pensando que lo sabían todo, tras hablar con ellos dijeron que venían varios días de correrías por la zona y venían a quedarse a dormir esa noche, como era costumbre. Menos mal, porque si se hubieran enterado del secuestro de su marido no permitirían el cambio. Lourdes se excusó en darles cobijo dentro del cortijo Cuartero porque no estaba su marido presente, pero les ofreció la casa de los peones, quienes no hablarían ni una palabra del asunto, el ama era una mujer de mucho cuidado y se le temía. La pareja de civiles como de costumbre no hacía más que preguntar y preguntar, luego cenaron puchero y se marcharon al cortijo cobertizo de los peones, que se alejaba de allí a un tiro largo de piedra.

 Al día siguiente la pareja se marchó muy de amanecida, casi de noche y con el lucero del alba encendido. Cuando los vio partir, el ama tomó el dinero en unas alforjas, tomó su sombrero y la escopeta, y se fue acompañada de un peón de confianza, que  le aparejó una mula para ella, y los dos subieron a la sierra por el camino de la Acebumeya hasta tomar la Ruta de la Miel, se pararon en el manantial de la Sirena para darle de beber a la mula.  




                     (Lourdes con la mula y el rescate)


  Pasaron por Puerto Blanquillo y subieron por los malos caminos de herradura, pasado la Cruz Simón  y llegaron al punto acordado de Piedra Escrita. El ama iba pensativa, sin darse cuenta que los romeros estaban en flor, que el rocío de la mañana cubría las adelfas de los arroyos y que  los enebros estaban  llenos de bayas verdes.  Era Piedra Escrita un punto dominante, donde se podía avistar cualquier emboscada, el topónimo se debía a que existía allí y existe, en el mismo camino, un peñón con una cara lisa y blanca de mármol como una lápida donde hay unos signos antiguos y extraños que no los entiende nadie.

  Pero el ama Lourdes Fernández, que siempre fue muy astuta, había escondió la mitad del dinero del rescate en una  calera del cortijo Cebolleros cuando se paró en la fuente del mismo nombre, poco antes de llegar a Piedra Escrita, desconfiando de aquella gente sin escrúpulos que se la podían jugar.  Siguieron subiendo y en el punto acordado, el peón, innecesariamente, pegó un silbido para notar su presencia, como sí los maquis no les estuviesen vigilando desde que aparecieron por Cerro Blanquillo.  Cuando llevaban un rato en Piedra Escrita aparecieron los maquis como si hubiesen nacido allí mismo ocultos entre los altos romeros. Lourdes, imperativa, como era su carácter, dispuesta y con determinación, dijo que lo primero que quería era ver a su marido vivo, antes de entregar el dinero. Quizás porque cuando se lleva encima el dinero de un rescate siempre da cierta ventaja de maniobra contra los secuestradores. Uno de los jefes maquis que estaba encaramado en un pino ordenó, que se haría lo que ellos dijeran. Se acercaron otros emboscados y registraron al peón y las alforjas en la grupa de la mula. El Duende intentó cachear al ama, ésta se revolvió con colmillos de leona sacudiéndoselo de encima y por poco le muerde. De entre los maquis se acercó una mujer joven vestida con pantalones, rasgos morunos, con el pelo cubierto por un pañuelo blanco, muy aparente de rostro, y fue quien le registró las ropas para saber si llevaba alguna pistola oculta. El Duende gritó enfurecido ¡Queremos ver el dinero!

   La guerrillera era Ana González, La Tangerina la novia del Roberto, Jefe de la Agrupación de Málaga-Granada,  una mujer dura, sin sentimientos y rabiosa, ella fue la que acercó a la grupa de la mula y cogió la alforja de un manotazo, mientras era protegida por dos escopetas, o quien sabe cuántos cobardes fusiles apuntando contra una mujer y un peón. Abrió la alforja, contó el dinero: Aquí solo hay diez mil duros, ¿y la otra mitad?, preguntó con la mirada fija y rasgos de extrañeza.  La otra mitad cuando soltéis a Pepe encima de su caballo y yo lo vea a salvo y muy lejos de aquí, la afirmación de Lourdes tenía unos tintes resolutivos e imperativos, que parecía como si ya nada hubiera que negociar más con ella.



                          (Piedra Escrita, sierra de Almijara)



     La Tangerina soltó sus dos tigres  ojos a Lourdes, eran dos azabaches duros como culotes de cartuchos, pero Lourdes no le apartó la mirada, y en sus ojos no hubo ni un solo parpadeo. Porque, a veces, la ira contenida ahuyenta al miedo, dando a entender que ahora tenían que confiar en ella o no entregaría la otra mitad del dinero. El peón de los Bandera no sabía dónde meterse y jamás creyó que tuviera un ama con dos ovarios tan validos como dos pelotas masculinas.  Lourdes seguía altiva, no bajaba la mirada severa devolviéndole el clavo de sus ojos negros herencia de otros moros que tampoco se acojonaron en estas mismas sierras en la defensa del Fuerte o el Peñón de Frigiliana. ¿Qué se creía  La Tangerina que aquella mujer era una señoritinga, que no conoció el dolor del trabajo duro y la tragedia?, estaba  muy equivocada porque el ama sí que estaba decidida a todo por salvar a su hombre.

    Es verdad, sólo hay diez mil duros, tendrás cara, te hemos pedido veinte, ¿sabes cuánto son veinte mil?,  ¡la muy zorra!, te vas a enterar.  A eso que  La Tangerina se enojó de tal modo que se dirigió hacia Lourdes, y ésta echó mano a la escopeta que llevaba en bandolera, en forma nada amigable, con raras intenciones, soltándose el pelo al estilo mora para pelearse en lucha libre si hacía falta; pero en eso que sonó un disparo al aire en la decrépita sierra, era la escopeta del primo segundo Atilano Orgaz, alias Judas,  huido con el RobertoYa está bien que le saquemos el dinero a mi prima, pero dejarla tranquila.   Lourdes  vio a su primo confabulado con los maquis, supo enseguida, que quien había dado el cante de la situación económica de Pepe Banderas había sido él. Sin embargo, Judas, en su conciencia no quería que se abusara de Lourdes, eso no lo iba a permitir, se había vuelto tierno y sentimental con la familia. Pero imbécil ¿qué haces pegando tiros?, tate quieto, no ves que le estás diciendo a los civiles donde estamos, habló por fin el Roberto. Lourdes con ojos felinos le increpó a Judas su acción delatora: parece mentira que tú sea un Simontes, es que tu apodo te vienen clavao, y le escupió a los pies. Y Judas se dio la vuelta y se fue cojeando.

     Y así fue como soltaron a Pepe Banderas, sano y salvo, con una barba de una semana, aceptando las condiciones impuestas por su mujer. Se montó en su caballo,  al que  La Tangerina ya le había echado el ojo para quedarse con él. Y cuando Lourdes calculó que Pepe estaba muy lejos de Piedra Escrita  casi ya en la Acebumeya, ella y el peón llevaron a los maquis hasta la calera de Cebolleros, donde había ocultado previamente la otra mitad del dinero que faltaba. 


Obra narrativa: "El cazador del arco iris"