Lugares donde se desarrolla la novela

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Cerro Lucero y Venta Panaderos

sábado, 23 de abril de 2016

Ramón Fdz. Palmeral, ganó el primer premio de lectura del Quijote. Alicante 22 de abril 2016

Ayer tarde 22 de abril, en las lecturas que hicimos del Quijote en la Asociación de Artistas Alicantinos, me dieron el primer premio de lectura, por haber dramatizado el escena de los leones II Parte, capitulo. 17. El galardón ha consistido en una magnifica marina del pintor Carlos Bermejo.
La foto es del gran foltografo Julio Escribano que allí estuvo presente para inmortalizando con su cámara un acto para el recuerdo, sobre todo para los que nos consideramos cervantistas.
Ramón Fernández Palmeral

Ramón Fernández Palmeral

Ramón Fernández Palmeral
AutorretratoPalmeral.jpg
Autorretrato de Palmeral (2008)
Información personal
Nombre de nacimiento Ramón Fernández
Nacimiento 7 de mayo de 1947
Piedrabuena (Ciudad Real)
Nacionalidad Flag of Spain.svg España
Información profesional
Ocupación pintor, escritor, ensayista y editor.
Firma Palmeral firma.png
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Ramón Fernández (Piedrabuena, Ciudad Real, 7 de mayo de 1947), conocido como Ramón Palmeral o, simplemente, Palmeral, es un pintor y escritor español, además de poeta, ensayista y editor.1

Índice

Biografía

Ramón Fernández Palmeral, nació en Piedrabuena (Ciudad Real) el 7 de mayo de 1947. A los cinco años pasó a residir a la provincia de Málaga, donde pasó su juventud. Allí estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Málaga, periodo del que datan sus primeras obras. Compaginó sus estudios artísticos con su formación académica. Estudió el Bachiller en el Colegio de la Cruz de Humilladero, y posteriormente cursó estudios universitarios de Geografía e Historia en Castellón de la Plana, y Derecho en Granada, pero no llegó a terminarlos, para dedicarse a su profesión. Después de haber residido en distintas ciudades de la geografía española, acabó afincándose en Alicante en 1990. También ha viajado por varios países Europeos.
Pertenece a distintas instituciones como la Asociación de Artistas Alicantinos,2 Asociación Cultural Espejo de Alicante,3 el grupo Vanguardia Cinco,4 y el grupo NUMEN,5 de escritores y poetas alicantinos, y Poetas del Mundo.6 También es miembro benefactor del Museo del Mar de Santa Pola. Sus obras se encuentran de distintas entidades, algunas a través de donaciones realizadas por el propio autor.
Manchego de nacimiento, andaluz de origen y alicantino de adopción, su obra literaria y plástica tiene múltiples referencias a Castilla, Andalucía y el Levante, así como a sus personajes ilustres: Cervantes, Antonio Machado, Lorca, Picasso, Miguel Hernández, Azorín. La obra de Palmeral supone una simbiosis entre la expresión poética y la artística. Prueba de ello son sus trabajos de ilustración de poemarios, su poesía de cualidad visual y su revista PERITO (Literario-Artístico), donde dio cabida a pintores y poetas.

Obra pictórica


El lápiz de Miguel, cuadro usado por el libro de texto Lengua 5 para ilustrar a Miguel Hernández.7
Su extensa y variada obra le ha valido distintos reconocimientos.

Exposiciones

  • 2000: "I Salón de Otoño", Asociación de Artistas Alicantinos; Sala Municipal de Sax.
  • 2001: Sala Lonja del Pescado (Nuevo Futuro).
  • 2002: Ateneo Científico, Artístico y Literario de Alicante; Mención Honorífica en el III Certamen Nacional de Artes Plásticas: “Miradas” de la Fundación Jorge Alió; Club Náutico "Costablanca", Sala Municipal del Ayuntamiento de Nerja.
  • 2003: Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela; Ayuntamiento de Denia; Sala Municipal de Sella; Asociación de Artistas Alicantinos
  • 2004: "La Primavera" ANUESCA en El Corte Inglés; Casa de Cultura de El Campello.
  • 2005: Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela.
  • 2006: "Minicuadros" en la Asociación de Artistas Alicantinos
  • 2007: Colectiva de 60 pintores en la Lonja del Pescado de Alicante; "Mirar un cuadro", Sala Maisonnave; Salón de Primavera de Alicante; Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos.
  • 2008: "100 artistas alicantinos", Centro de las Artes (Patronato Municipal de Cultura); "Vanguardia alicantina", Ámbito Cultural de El Corte Inglés; Casas de Cultura de Calpe, Bussot, La Romana, El Campello;
  • 2009: "Gran formato", Asociación de Artistas Alicantinos; Salón de Primavera; "Minicuadros" de Elda; Colectiva "IFLACESPAÑA", Casa de Cultura de El Campello; Salón de Otoño.
  • 2010: Comisario de la exposición "Miguel Hernández en nuestro corazón", Ámbito Cultural de El Corte Inglés, Elche; "Arte en plural", Casa de Cultura de Novelda; "60 artistas alicantinos", A.A.A.; "100 artistas alicantinos", Círculo de las Artes; exposición del grupo "Vanguardia Cinco", Real Liceo Casino de Alicante.
  • 2011: Museo del Calzado de Elda; Centro de las Artes.

Museos y Salas de exposición


Egipto, óleo de Palmeral (2011), muestra de su estilo abstracto geométrico
  • Museo Provincial de Ciudad Real.
  • Diputación Provincial de Alicante.
  • Ayuntamiento de Alicante.
  • Museo del Mar y Pesca de Santa Pola.
  • Autoridad Portuaria de Alicante.
  • Museo Naval de Cartagena.
  • Museo del Calzado de Elda.
  • Real Club de Regatas de Alicante.
  • Club Náutico Costablanca.
  • Café Español de las Artes.
  • Galerías virtuales.8 9

Obra literaria

Poesía

  • Desolación sin nombre (1983).
  • Homero en Tarsis (2004).
  • Buscando a Antonio Machado en Soria y Baeza (2006).
  • Monográfico Lorquiano (2009).
  • "Antologia abierta (2016)

Ensayo

  • Encuentros en el IV Centenario del Quijote (2004).
  • Buscando a Azorín por La Mancha (2005)y LULU 2016.
  • Tras los pasos de Juan Goytisolo por los Campos de Níjar (2005).
  • Singladuras por la comarca del Vinalopó (2006).
  • Simbología secreta de "La decadencia de la flauta..." (2006).
  • Buscando a Antonio Machado en Soria y Baeza (2007), Segunda edi. 2016 Lulu
  • " Secretos para escribir novelas y relatos". Amazon, 2016
  • " Buscando a Gerald Brenan al Sur de Granada", LULU, 2016
  • " Federico García Lorca y el Flamenco", LUlU,2016
  • " Reseña histórica de la villa de Frigiliana". Amazon /color 2016

Ensayos sobre Miguel Hernández

  • "El hombre acecha" como eje de la poesía de guerra (2004).
  • Simbología secreta de "El rayo que no cesa" (2004).
  • Simbología secreta de "Perito en Lunas" (2005).
  • Doce artículos hernandianos y uno más (2005).
  • Simbología secreta de "Viento del pueblo" (2011).
  • Carlos Fenoll: Trayectoria vital y poética (2012).
  • Ramón Sijé, el Estigmatizado (2013).
  • Miguel Hernández, el poeta del pueblo (2015).
  • Miguel Hernández, el poeta de las tres heridas (2015).

Novelas

  • El héroe de Nador (2005).
  • El cazador del arcos iris (2015).
  • El rey de los moriscos (2016) publicaciones LULU

Artículos

Ha colaborado con varios artículos de opinión en El País, Información, La Verdad, Noticias de Alicante y en las revistas: Utopía (Málaga), El Eco Hernandiano, Estudios Monoveros, Letralia (Venezuela),10 Ágora, Auca, Numen. Su obra también ha sido publicada en varios medios digitales: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Orihuela Digital,11 Baquiana (Miami),12 Monóver punto com,13 Mundo Cultural Hispano14 y Revista Anthropos. Son numerosos sus artículos sobre arte, investigación plástica y pintores contemporáneos.

Labor editorial

Fundó en Alicante la revista ilustrada PALMERAL (Poético-Artístico), PERITO (Literario-Artístico), y NUEVO IMPULSO, revista digital sobre la actualidad del panorama cultural y artístico en Alicante. También dirige la editorial Palmeral. Asiste y organiza tertulias culturales y recitales en la provincia de Alicante. Ha realizado conferencias sobre Picasso y Gastón Castelló, y ha sido comisario de varias exposiciones.

jueves, 21 de abril de 2016

El agua la traían en cántaros de la fuente de la Sirena, con una burra, estos son los cantaros. "El cador del arco iris", novela



 Las casas en la ladera de Acebumeya eran unas 50, pequeñas construcciones de adobe, que se componían de planta baja donde estaba el comedor y la cocina, espacio que a la vez se convertía por la noche en dormitorio, y en el primer piso estaba la llamada cámara que lo mismo servía para poner una  cama como para almacenar cebollas, ristras de ajos, patatas o mazorcas de maíz, según la época.  La cocina era un poyete en el comedor donde ardía la leña y las cepas secas de la vid, bajo una chimenea o “chupahumos”, en las ascuas se ponían las estrébede o trébedes de hierro y encima de ellas la olla. Al lado estaban los cacharos de aluminio colgados en la pared, la cantarera con dos cántaros grandes de agua y un botijo, esto era todo el hogar, aquí, en mis tiempos de juventud nunca llegaron ni la electricidad, ni el teléfono. La luz interior era producida por candiles de hierro negro que usaban como combustible aceite de oliva usado con una torcida de algodón o un trozo de tela, antes de que llegaran los candiles de petróleo o el camping gas. La luz era de un pobre amarillo casi lastimero.
        Había dos tabernas a las que llamábamos ventas donde vendían aguardiente, vino del terreno, tabaco y alguna longaniza más seca que las suelas de unas albarcas –que es como se dice aquí y no abarcas– y comprar pan.  De vez en cuando, aparecían algunos cazadores forasteros, y como éstos pagaban al contado les ponía algunas tapas de choto frito, o algunas arencas que brillaban como el cobre pulido con pan y aceite, envueltas en un papel de estraza eran un manjar, yo nunca me pude pagar una arenca. Nosotros, los críos nos quedábamos mirando al comensal, y esperábamos si alguno dejaba algo en el plato de loza, no por necesidad ya que comíamos en casa, sino por probar cosas nuevas y exóticas.  Los arrieros compraban fiado y a la vuelta de sus viajes era cuando pagaban. No había nada de nada, por ello, los vecinos nos ayudábamos en todo lo que podíamos. 
        Recuerdo como si fuera hoy mismo que en aquel cielo cobalto fondeaba siempre una pareja de águilas reales que cuando volaban bajo para robar algún chivo, su sombra temerosa, pasaba como una flecha invicta, ilesa, sobrecogedora, sobre los corrales,  y es que,   además de la pareja de águilas, había grajos en El Fuerte (cota 950 m. de altitud), y cerca de la alberca de Casimiro, vivía un viejo cárabo en el hueco de un jubilado algarrobo centenario de tronco torturado. El cárabo era un ave rapaz nocturna muy vieja,  más grande que un búho real, de plumaje rojizo y de cara achatada como si se la hubieran hundido con un golpe de pala. Y por muy extraño que os parezca, hijos míos, era tan viejo que había aprendido a hablar con voz de guacamayo, para quejarse de lo mal que tenía la vista y que le trajeran al algarrobo algún roedor. Fue este viejo cárabo quien contó a los ancianos de Acebumeya el secreto del arco iris sobre Cerro Lucero (cota 1.779 m. de altitud).
        Si al oscurecer la tarde, algunas parejas de novios se alejaban por la vereda del algarrobo, el cárabo les interrogaba ¡qué!, ¿adónde vais, litris, licenciosos? Niño litri era como decir golfo y vicioso.  Contaban algunos ancianos que le habían oído razonar como una persona, y que  contó algunas fábulas muy educadoras y reflexivas, que hemos olvidado para siempre.  Existía en Acebumeya un manantial que salía de entre las rocas de mármol con el agua más fría y pura del mundo ecuóreo, y  tan transparente como la inocencia de mis vecinos o como el mejor de los regalos posibles.
        Decían los viejos que junto a la fuente-manantial apareció inexplicablemente una sirena de tamaño humano, otros dijeron que era como un delfín, por eso al principio le llamaban la Fuente de la Sirena. Alguien dejó preñada a la sirena y nadie sabía ni cómo ni por dónde. Luego la sirena se marchó con el embarazo, y nada más se supo de ella, aunque el mar de Nerja está a unos 15 kilómetros al sur, por allí estará su hijo nadando y dando coletazos como un ballenato. 
        En Acebumeya había una aguja de reloj de sol que indicaba a las abejas el camino hacia las flores abiertas y deseosas de libaciones angelicales, aquí abundaban romeros, tomillos, lavanda, abulagas de bellas flores de amarillo cadmio y demás flora propia del Mediterráneo, como adelfas, cantuesos o esparto.  Lo peor que llevábamos eran las malditas y hambrientas moscas en el calor del verano y las más agresivas eran las verdes de las cuadras, también abundaban las avispas y los abejorros  negros zumbones. Y qué decir de las ensordecedoras chicharras, había una o dos  en cada pino, en cada olivo, en cada higuera, en cada granado, en cada almencino o en cada algarrobo. Cuando te acercabas a los árboles se callaban como criadas sorprendidas, luego cuando notaban que te habías ido volvían a chismorrear descaradamente. Por la noche, cuando la luna galopaba por los lomos de la sierra, y cuando las chicharras se callaban aparecían los grillos con su kri, kri, kri, kri…, como si mandaran callar  el croar de alguna rana en la alberca comunal de riegos de los bancales, de vez en cuando ladraba algún perro o se escucha el llorar de algún bebé.
        En los años de mi nacimiento en 1920 mi aldea tenía abancalada toda la vaguada a la solana, los balates de piedra suelta se iban reconstruyendo constantemente, sobre todo después de alguna tormenta, pues tenía escalones laterales para subir de unos a otros.  En la aldea de Acebumeya nací y reventé mi infancia y juventud trabajando con mi padre, hasta que llegó la maldita guerra civil y me liberé de sus delirantes celos de padre-patrón. Me liberé de la autoridad dictatorial de mi padre, pero con dieciocho años caí bajo la autoridad militar de los nacionales, porque me llamaron a filas para hacer el servicio militar obligatorio, pues ya hacía casi dos años que Franco había tomado Málaga..

Y hata aquí puedo llegare "El caazador del arco iris" novela de Ramón Fernández Palmeral. Puiblicada en Amazón
https://goo.gl/mYE56w

Repisa antigua en el cortijo del Mallarín (Torrox).

Repisa en el cortijo del pago del Mallarín, cortijo de Antonio Simón. Foto de1995.



Para ser feliz no hace falta tener mucho sino tener lo suficiente,
Miguel de Cervantes tenía una sola mano y escribió el Quijote.
Hoy, 400 años después Cervantes ha tenido el honor de ocupar el sillón del Presidente de la Corte que ocupa Patxi López, como como no podía ser menos, a abroncado a los Diputados, hoy 21 de abril de 2016, por no haber sido capaz de forma gobierno en tres meses de negociaciones.

A veces no es suficiente todo, sino toda la voluntad. En la repisa del Cortijo del Mallarín, entre los términos de Frigiliana y Torrox, bajo el Peñón del Fuerte, donde tuvo la gran suerte de vivir en mi juventud, había lo suficiente para vivir, pero éramos felices, hoy lo tenemos casi todo y no somos felices, qué pasa que la ambición no tiene, limites, la humildad es un don, y la ambición un pecado.

El Quijotes está vigente porque habla de los sentimientos y de la condición humana.

miércoles, 6 de abril de 2016

La única fábrica de miel de caña de Europa abrirá sus puertas al público el 24 de abril en Frigiliana

La única fábrica de miel de caña de Europa abrirá sus puertas al público el 24 de abril en Frigiliana


Imagen de la segunda edición de la fiesta de la miel
Imagen de la segunda edición de la fiesta de la miel / E. Cabezas

  • La localidad axárquica celebra el tercer día de la miel con degustaciones y exhibiciones de elaboración del producto

El ingenio Nuestra Señora del Carmen de Frigiliana, la única fábrica de miel de caña que queda en activo en Europa, abrirá sus puertas al público de manera excepcional a través de una serie de visitas guiadas gratuitas, enmarcadas en la celebración del III Día de la Miel de Caña, que tendrá lugar el próximo 24 de abril. El evento ha sido organizado por el Ayuntamiento para homenajear este producto y a lo largo de la jornada, las puertas del ingenio, cerradas a los visitantes durante el resto del año, permanecerán abiertas para recibir al público y que los asistentes conozcan de primera mano el proceso de elaboración de la miel de caña.

La concejala de Tradiciones Populares, Lucrecia López (PP), ha explicado hoy que, además de permitir la entrada del público a la fábrica, se han organizado otras actividades paralelas, que tendrá como escenario la plaza del Ingenio, en la que se localiza el complejo industrial. En este sentido, se llevará a cabo el corte y molienda en vivo de la caña, así como la degustación de su jugo y la elaboración de recetas con miel de caña, caso de las melcochas, las arropías o las batatas, de podrán ser degustadas gratuitamente por vecinos y turistas.
También se han previsto una exposición de maquinaria y utensilios relacionados con la elaboración de la miel de caña y una jornada gastronómica centrada en el producto homenajeado, en la que participarán restaurantes de la localidad que prepararán menús aderezados con la miel de caña.
Entrar en la fábrica supone realizar un viaje en el tiempo, al pasado histórico de Frigiliana y al de una industria que contó con decenas de ingenios repartidos por el sur de Málaga y Granada, de la que actualmente sólo está activo el de Nuestra Señora del Carmen. El ingenio se ubica en el palacio de los Condes de Frigiliana, un inmueble construido por la familia Manrique de Lara a finales del siglo XVI, y que en 1720 fue adaptado para la fabricación de miel de caña.
La caña de azúcar es una planta procedente del sudeste asiático, que fue traída a la Península Ibérica por los árabes y se cultiva principalmente en las tierras costeras de Málaga y Granada. La miel de caña se obtiene de la caña de azúcar mediante su molienda, en la que se usan unos rodillos o molinos que la comprimen fuertemente y dan como resultado un jugo que luego se cocina para evaporar el agua y lograr que se concentre, consiguiendo un producto final con una textura parecida a la miel de abeja y sabor muy agradable.

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Ramón Fernández Palmera

martes, 29 de marzo de 2016

La Acebuchal. Un paraíso a la medida

Nació del empeño de unos vecinos de Frigiliana por recuperar un poblado abandonado, pero ahora El Acebuchal empieza a rentabilizar su atractivo turístico
16.08.09 -
Un paraíso a la medida
La reconstrucción de la aldea de El Acebuchal se ha prolongado durante una década. / E. C.
«Es un sitio increíble. Estás cerca de la ciudad, pero aislado a la vez. Aquí desconectas por completo. Es magnífico para pasar unas vacaciones. Vinimos el año pasado por primera vez y nos encantó». Así explica el veleño Antonio Casas su relación con la aldea de El Acebuchal, en pleno corazón de la Sierra Almijara, y dentro del término municipal de Cómpeta. Abandonada durante cinco décadas, un grupo de vecinos de Frigiliana se ha dedicado con gran esfuerzo desde los años 90 a reconstruir sus cerca de treinta viviendas, convertidas hoy en día en un destino de turismo rural único en la provincia. Un verdadero paraíso a la medida.
«La verdad es que no conocíamos la historia de este sitio, pero es fascinante», confiesa José Francisco Pérez mientras disfruta plácidamente de un baño en la piscina, que en su día fue una alberca que sirvió para regar las huertas y dar de beber al ganado. Este vecino de Alhaurín de la Torre es uno de los cientos de turistas que han elegido este verano esta pequeña aldea axárquica para pasar sus vacaciones. La familia de Antonio García 'El Zumbo', su mujer Virtudes Sánchez, y Aurelio Torres 'El Obispo', son los responsables de esta «aventura y de esta locura» -como a ellos les gusta llamarla- de querer recuperar un viejo poblado abandonado por orden del Franquismo en 1948, con el argumento de que servía de refugio y auxilio para los maquis.
«Fui el último que nació aquí», dice Torres, quien ha reconstruido la antigua escuela y la ha convertido en una acogedora vivienda vacacional. Antonio García, de 31 años, es nieto de nacidos en El Acebuchal, y uno de los que más esfuerzo ha puesto en convertir este poblado en un enclave turístico. «Uf, si me preguntas por dinero, no te puedo decir, porque nunca me he parado a echar cuentas. Sólo te digo que traer la luz desde Cómpeta nos costó casi 90.000 euros hace ya más de cinco años», explica.
Y es que ha sido más de una década de esfuerzos, que hoy día se ven recompensados con un destino que, en plena crisis económica, goza de una gran atractivo turístico. «No nos podemos quejar. Es verdad que es una pena que nos haya pillado en esta época, pero la gente sigue viniendo y reservando, además durante todo el año», cuenta García, quien explica que su familia -su mujer Andrea Moreno y su hermano Sebastián, de 20 años-, también son parte esencial de la aventura. En total, tienen una decena de casas en propiedad, de las que la mitad están en alquiler.
Vivir de la sierra
En todos los casos se trata de pequeñas viviendas, que en su día pertenecieron a antepasados que vivieron y trabajaron sierra. «El esparto, la ganadería de cabras, la resina, y sobre todo el transporte de mercancías, con los conocidos arrieros», comenta el historiador local Adolfo Moyano, quien destaca la importancia estratégica de este enclave, un cruce de caminos en la ruta hacia Granada. «Hace apenas cincuenta años, todo se transportaba en mulo o en burro, por la sierra, atravesando el llamado puerto de Frigiliana», añade.
El Acebuchal, con sus núcleos, el de arriba o alto y el de abajo o bajo, se despobló por orden del régimen franquista a finales de la década de los cuarenta, con el argumento de que sus vecinos ayudaban a la gente de la sierra, a la guerrilla antifranquista, a los maquis. «Todo es mentira, porque aquí nunca se colaboró, aunque claro, que alguna familia, por su cuenta, lo hiciera, no te digo que no...», explica 'El Zumbo', quien a sus 60 años guarda un trágico recuerdo de aquellos años, pues su padre fue asesinado por la Guardia Civil, en el conocido crimen de la Loma de las Vacas, junto a otros dos jóvenes del pueblo, en uno de los pasajes más oscuros de la historia local.
Quien visita hoy esta aldea, difícilmente puede imaginarse como vivían aquí los antepasados de estos vecinos, a no ser que se adentren en el bar-restaurante que regenta la familia García, de cuyas paredes cuelgan decenas de fotos, instantáneas de aquellos difíciles y convulsos años. En este pequeño museo también puede verse el cambio experimentado por el enclave, con sus casas derruidas hasta 1998. «No había nada, sólo escombros. Esto se ha hecho con mucho sacrificio, hormigón, hierros... durante muchos meses, en invierno y en verano», cuenta García, quien explica que el alcalde de Cómpeta en esos años, Leovigildo López, también ayudó mucho, porque «no puso ningún impedimento».
Bodas y bautizos
En la terraza del establecimiento puede disfrutarse de unas espectaculares vistas del entorno En la carta del restaurante pueden degustarse exquisiteces como el jabalí o el cordero, con salsa de almendras. El enclave es un lugar ideal para descansar y conocer la Sierra Almijara, con rutas a pie o en bicicleta. Pero El Acebuchal es todo esto y mucho más, pues la familia García ha construido una ermita, en honor de San Antonio de Padua, en la que en los últimos meses se han celebrado una boda y dos bautizos.
«Vino el cura de Frigiliana para el enlace de una pareja de Granada que vive en Nerja», cuenta García, quien explica que la idea de construir la ermita le surgió en un viaje a Andorra. «En el pueblo sólo había una pequeña capilla, en honor de San Juan, que es digamos el patrón, y con el que se celebran las fiestas», explica. En efecto, durante las más de cinco décadas que El Acebuchal ha permanecido 'en silencio', la tradicional celebración ha tenido lugar en el conocido cortijo de El Pino, a unos kilómetros de distancia y dentro del término de Frigiliana.
«Cuando inauguramos la ermita, se recuperó la fiesta de San Juan», dice García, quien confía en mantener los buenos niveles de ocupación de las viviendas rurales durante este año. «En invierno el encanto también es muy grande. No sabes lo que a los extranjeros les gusta poner una chimenea», dice. «Organizamos cenas de Navidad. En cualquier época es un sitio muy recomendable», concluye.


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Almijara, caminos y gentes, por Martiló V. Oyonarte

Categoría: Almijara caminos y gentes Escrito por Mariló V. Oyonarte
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 Más allá de las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, hacia el sur, se extiende el mar. A la vista de todos está muy cerca; para comprobarlo no hay más que subir a cualquiera de las cumbres que demarcan el límite de provincia entre Málaga y Granada -la imponente Maroma, el Lucero con su picuda silueta, el redondeado y distante Navachica- o ascender por su sendero a los históricos puertos de montaña de Cómpeta o Frigiliana para toparse al coronarlos, casi de repente, con ese inmenso horizonte azul que es el Mediterráneo.

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Desde el Arroyo de los Colmenarejos

 No podría decir qué margen de estas montañas es más bonito, porque si la parte norte -la granadina- es verde y frondosa, la parte sur -la malagueña-, soleada y aparentemente más árida, tiene a cambio esas preciosas vistas al mar. Es allí donde las enormes lomas almijareñas y sus veredas van cayendo sin tregua desde las alturas más escarpadas hasta hundirse en la misma orilla del mar, formando suaves playas de arena, calas recónditas y vistosos acantilados. Los ríos de esa zona de la sierra -Chíllar, Higuerón, Río Verde, Patamalara, Río de la Miel…- son también, como los de la granadina, transparentes cursos de aguas color turquesa y lechos formados por arena blanca; los mismos de los que proceden las piedras que durante muchos años sirvieron para hacer la cal que dio fama a los pueblos blancos andaluces.

 En ese otro lado de la Almijara -el marinero- las montañas también están salpicadas de antiguas cortijadas que en otros tiempos fueron sitios importantes, ya fuese por su situación estratégica y actividad incesante, como la antaño renombrada Venta de Panaderos, o por la riqueza de sus tierras, como el Cortijo del Daire o el Cortijo del Imán. Y por supuesto, también están sus pueblos: los que componen la Axarquía malagueña, esos primorosos y turísticos conjuntos de casitas blancas asentadas en la falda de los montes con espíritu serrano a la vez que marinero, porque para su subsistencia, hasta la llegada del turismo en masa, sus gentes han dependido desde siempre de la montaña y del mar.

 Hay muchas rutas que franquean Tejeda, Almijara y Alhama desde la provincia de Granada a la de Málaga, siguiendo los ondulantes senderos trazados desde tiempos inmemoriales que comunicaban las dos vertientes de estas montañas, y que cumplían no ya sólo una función económica sino también social, al facilitar el intercambio comercial y cultural entre las poblaciones a un lado y otro de la sierra. Algunas de esas rutas, afortunadamente, vuelven hoy a cobrar vida y a figurar en los mapas gracias al senderismo y montañismo, que toman como guía antiguas sendas como la que va desde Játar a Cómpeta a través del Puerto de Cómpeta, o la que lleva de Fornes a Frigiliana, cruzando el Puerto de Frigiliana.

 Me gusta pensar que Tejeda, Almijara y Alhama no han supuesto nunca una barrera entre los pueblos, sino más bien otra vía de comunicación, más complicadilla quizá, pero también con su propia idiosincrasia.

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Vista de Frigiliana

 Cuando llegué a la Almijara por primera vez mis actuales compañeros de rutas ya la conocían bien; ellos, cada uno a su manera, en solitario o en grupo, llevaban años recorriéndola y dándola a conocer. Con el paso del tiempo -y una vez hechas las excursiones clásicas de estas sierras- nuestros recorridos fueron haciéndose cada vez más largos y complejos, a la par que quisimos saber más sobre las veredas antiguas y la historia de los lugares por los que pasábamos, ya con un interés concreto que iba más allá del mero hecho de andar; un proyecto que esperamos ver pronto convertido en realidad. Gracias a esas incursiones de investigación hemos ido trabando conocimiento, y en algunos casos también amistad, con muchos habitantes de estos lares; entre ellos está el matrimonio formado por Aurelio Torres Sánchez y Rosario Martín Cañedo, que viven en Frigiliana.

 Conocimos a Aurelio el verano de 2013, durante las fiestas anuales de El Acebuchal en honor a San Juan. El ayuntamiento de Frigiliana había organizado en la aldea, como cada año, una misa y un desayuno para los mayores, acto al que acudieron muchos de los primitivos habitantes de El Acebuchal y sus alrededores. Y allá que fuimos nosotros también, pues teníamos interés en hablar con cuantas personas pudiésemos conocer que hubiesen vivido en aquella zona de la Almijara. Ese día se hicieron realidad algunos de nuestros "sueños" al tener la oportunidad de charlar con antiguos vecinos del cortijo del Imán, de la venta de Panaderos, del cortijo del Daire y de la aldea del Acebuchal, entre otros.

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Aurelio Torres, "el obispo"

 Aurelio apareció en escena mientras hablábamos con otra persona; no recuerdo quién nos lo presentó. "Me llamo Aurelio Torres, pero aquí todos me conocen más bien como el obispo, como a mi padre y mi abuelo", nos dijo sonriendo. Cuando supo que buscábamos información sobre aquella parte de la sierra, este hombre vivaz, dicharachero y hablador se ofreció a ayudarnos en el acto. Nos llevó por entre las calles empedradas y cuidadosamente restauradas de la aldea, mientras nos relataba con una memoria asombrosa los nombres de cada uno de los vecinos que habían vivido en las casas por las que íbamos pasando, hasta que llegamos a la que había sido la vivienda de su familia, que está situada en el centro del pueblecito. Todos la conocen por la "casa escuela", pues este fue el único lugar en el que -aunque fue sólo durante diez años- hubo una maestra en El Acebuchal. Nos describió con legítimo orgullo cómo su abuelo levantó esta casita con sus propias manos entre los años 1913 y 1915 -precisamente este verano ha cumplido un siglo en pie, como el Platero y yo de Juan Ramón-. Me llamó la atención su forma de hablar, pues Aurelio cuenta las cosas con un entusiasmo que yo pocas veces he visto en personas de su edad.

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La casa escuela

 Según pudimos saber, el abuelo de nuestro amigo Aurelio era analfabeto y por ello su mayor deseo era que los suyos pudiesen aprender "por lo menos a leer, a escribir y a hacer las cuentas". Así que un buen día se fue al vecino pueblo de Cómpeta, término municipal al que pertenece El Acebuchal, y pidió audiencia con el alcalde para hacerle una firme propuesta: "Alcalde, si usted nos manda una maestra para nuestros niños, yo me comprometo a construir una escuela y una vivienda para ella". En cuanto obtuvo los permisos se puso manos a la obra y no paró hasta que, dos años más tarde, terminó aquella casita de dos plantas con una escalera exterior -la planta superior para las clases y la inferior para el uso particular de la maestra-. Tuvieron que pasar otros dos años hasta que por fin, en 1917, llegó a El Acebuchal la primera maestra rural en la historia de esa aldea. Se llamaba doña Emilia, y trabajó allí hasta 1920, año en que la sustituyó doña Dolores. La nueva educadora enseñó a los niños acebuchareños de 1920 a 1923, y por último llegó doña Ana, que impartió sus clases desde 1923 a 1927, año en que la pequeña y efímera escuela -por distintas circunstancias- cerró definitivamente su única aula.

 Aurelio nació en esa misma casa muchos años después, en 1946. En aquella época El Acebuchal seguía siendo una aldea sencilla cuyos vecinos vivían principalmente del cultivo de sus tierras, de las cabras y del aprovechamiento de los recursos que les ofrecía vivir al pie de la sierra de la Almijara: caza para alimentarse cuando la comida faltaba en las casas, madera para hacer leña y carbón, piedras para fabricar la cal, plantas aromáticas de las que extraer esencias y aceites, esparto con el que confeccionar utensilios… además, cuando llegaba la temporada, los hombres jóvenes y fuertes marchaban a Nerja para cortar la caña de azúcar. El Acebuchal quedaba entonces vacío de hombres, mientras en las casas los esperaban pacientemente las mujeres, los abuelos y los niños.

 Pero desgraciadamente llegaron malos tiempos. Tras la Guerra Civil española aquella zona, al igual que toda la comarca que rodea las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, quedó sumida en el horror que supusieron los enfrentamientos entre la "resistencia maqui" o guerrilla antifranquista y las fuerzas del orden de la época, representadas por la Guardia Civil. La aldea de El Acebuchal quedó, como diría años más tarde el periodista británico David Baird, "entre dos fuegos": los que cruzaban los guerrilleros o "gente de la sierra" que se ocultaba en esas montañas, y los miembros de la Guardia Civil. Tan difícil llegó a ser la situación que en agosto del año 1948 se ordenó a la población de El Acebuchal que abandonase el lugar hasta que cesaran los combates. Todos los habitantes de la aldea tuvieron que dejar sus casas en pocas horas e irse de allí con el tiempo justo de recoger sus animales y enseres más imprescindibles; presas de la desolación se marcharon todos camino de Frigiliana, Cómpeta y otros lugares cercanos donde familiares y amigos les dieron cobijo.

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Una calle de El Acebuchal

 La familia de Aurelio -entonces él era un niño de apenas dos años- también se marchó de allí y se estableció en Cómpeta hasta que todo terminó, en el año 1952. A partir de 1953, muchos acebuchareños fueron volviendo paulatinamente a su pueblecito para retomar sus vidas en el punto en el que las habían dejado cinco años atrás. Arreglaron sus viviendas, recuperaron sus tierras e intentaron seguir adelante, pero la pobreza aumentaba sin remedio en los ambientes rurales y la población se vio obligada a emigrar. Cuando Aurelio cumplió los 18 años también decidió buscarse la vida fuera de El Acebuchal; cumplió el servicio militar entre Almería y Málaga, donde aprendió a leer y a escribir, y a su debido tiempo se casó con una muchacha de Frigiliana: su Rosario, que "era una pimienta, de zalamera y bonita", como él mismo dice. En el año 1964 su familia abandonó definitivamente El Acebuchal; ellos fueron de los últimos que se marcharon.

 Durante los años siguientes y hasta mucho tiempo después, el lugar quedó convertido casi en un pueblo fantasma, cada vez más derruido pero nunca olvidado, hasta que algunos descendientes de los antiguos vecinos se animaron comenzar el lento proceso de restauración de aquel rincón tan querido para ellos. Los pioneros en esta aventura fueron Virtudes Sánchez y su marido, Antonio García "el zumbo" que, basándose en fotografías antiguas y en los recuerdos de sus familiares y conocidos, fueron reconstruyendo poco a poco algunas casas, hasta que finalmente otros vecinos se animaron también y volvieron los ojos a su antiguo lugar. El Acebuchal comenzó poco a poco a emerger de sus ruinas, y con paciencia y mucho trabajo por parte de todos las antiguas calles y placetillas, las casas y hasta la nueva capilla han ido recuperando no ya el aspecto que antes tuvieron, sino otro bastante mejor, renovado y cuidado como debe ser un lugar de descanso: justo en lo que se ha convertido ahora ese paraje.

 Aurelio y su familia también se pusieron manos a la obra y, desde el verano de 2005, la antigua casa escuela vuelve a estar abierta y en uso, sólo que, al igual que muchas otras de las casitas de El Acebuchal, ya no es la vivienda usual de la familia. Ahora se dedica al alquiler para quienes buscan relajarse en una zona tan bonita y bien situada como es aquella -al pie de la montaña y a un paso del mar-, frecuentada hoy no sólo por los descendientes de los acebuchareños, sino también por turistas de todas partes y por multitud de montañeros enamorados de aquellos senderos.

 Parece que fue ayer, pero ha hecho ya dos años que conocemos a Aurelio y a su mujer, Rosario. ¡Cómo pasa el tiempo…! Aurelio, tan servicial y alegre, acompañándonos siempre que puede y animándonos en nuestras investigaciones, no sólo sobre los antiguos caminos almijareños, sino también sobre los nombres de los primitivos cortijos y lugares de interés que están a punto de ser olvidados por el paso del tiempo, así como sobre las gentes que habitaron esos sitios y los hechos que sucedieron allí. Aurelio y su empeño por conservar todo lo antiguo "para que no se pierda", como él dice; que creó el "Museo del Obispo" en uno de sus terrenos de Frigiliana, donde ha ido atesorando durante años desde sencillas colecciones de vasos y loza hasta valiosas fotos antiguas; desde sombreros y vetustos aperos de labranza hasta interesantes documentos sobre la historia de Frigiliana, todo rescatado de los lugares más insospechados. Aurelio y esa generosidad suya que lo ha llevado incluso a mantener, en el lugar donde murió un cazador local por accidente hace casi un siglo -la Cruz de Simón- una fotografía plastificada del finado, para que su memoria no quede sin cara y sin nombre ante quienes pasan por ese lugar.

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Aurelio en la Cruz de Simón

 Sí, hemos conocido buena gente en el entorno de estas sierras; qué suerte la nuestra por tener la oportunidad de tratar con todos ellos. Gracias, Aurelio, por contagiarnos tu entusiasmo de niño y tu afán por evitar que algunas cosas caigan en el olvido. Y gracias por haber compartido con nosotros, que hasta no hace mucho éramos para ti perfectos desconocidos, tantas historias, curiosidades e incluso alguno de los muchos secretos -¿cuántos quedarán aún por revelar…?- que atesora nuestra querida, para ti igual que para nosotros, sierra de la Almijara.

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De izquierda a derecha Mariló, Manolo, Aurelio, Joseíllo, Rosario y M.Carlos
Fotos de Manuel Carlos Luengo Navas.